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Controversia

Salud, COVD-19 y una pésima señal en medio de la improvisación

Muchas de las decisiones del ministro de Salud, Daniel Salas, en el marco de la pandemia por el COVID-19, han recibido nuestro respaldo pleno. Entendemos que es una situación inédita para la sociedad actual, que enfrenta un virus desconocido y mortal.

Es claro que ante ello la improvisación ha sido una norma en el andar de las autoridades sanitarias. Es la única opción, pero en las cuestiones técnicas, por obvias razones. La principal de ellas, la falta de información sobre el virus y la forma en que actúa.

Pero, cuando en cosas más elementales entramos en un escenario de improvisación, necesariamente tienen que saltar dudas en torno al actuar del ministro Salas.

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Interpretar que, a la luz del decreto ejecutivo emitido por el Gobierno el jueves 29 de abril pasado, se deben suspender esta semana los partidos de fútbol de primera división en la región central del país, es un grave error que raya en la ilegalidad.

No desconocemos el hecho de que el Gobierno tiene la potestad para suspender actividades en el marco de las atribuciones que le confieren las leyes y la Constitución Política que rige en este país. Y en ese sentido, la Ley General de Salud es extremadamente clara.

Pero, se deben seguir los procedimientos de manera puntual. Tener la potestad para prohibir una actividad y no usarla, para luego acudir a una interpretación sobre lo que se quiso hacer, pero no se hizo, es irresponsable y peligroso.

El ministro Salas debió incluir expresamente la suspensión del fútbol en el decreto al que hacemos referencia, donde se consignan las restricciones aplicables esta semana en la zona central del país, si creía que era lo correcto. No lo hizo, y eso deja pie para pensar que en el marco de la emergencia sanitaria algunas disposiciones se toman sin el debido análisis, y no se revisan correctamente los documentos legales y reglamentarios que se firman.

Ese tipo de errores no deben darse. No se pueden justificar ni siquiera en el evidente agotamiento que genera una pandemia como la que nos afecta y que ya lleva más de 14 meses, en el caso de Costa Rica.

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No es que el fútbol esté por encima de otras actividades. Es que los decretos ejecutivos no son para interpretarlos cuando de medidas sanitarias se trata. En el decreto de marras dice expresamente que entre las actividades no permitidas esta semana están “las actividades deportivas con público”. Y ese no es el caso de ninguna de las disciplinas que están en competencia bajo el marco de los protocolos sanitarios aprobados por el propio Ministerio de Salud.

Por eso me parece muy sano que la UNIFFUT, a cargo del fútbol femenino de nuestro país, haya sido clara en el sentido de que suspende sus partidos con el ánimo de colaborar con los esfuerzos del Gobierno en el control de la pandemia por el COVID-19. Porque no hay ninguna disposición legal, salvo un antojo del ministro Daniel Salas, para sustentar la suspensión.

Al margen, un detalle: en el caso de la UNAFUT, me pregunto por qué no cambiaron de estadio los tres partidos que no se pueden jugar en la zona central del país. Perfectamente, Sporting pudo recibir a Liga Deportiva Alajuelense en el estadio Ebal Rodríguez o en el Allen Riggioni. Y, el fin de semana, la Liga podría haber recibido a Guadalupe en Liberia, por ejemplo, y Herediano a Limón en Grecia.

Después de todo, los otros cuatro partidos serán en Guápiles, San Carlos, Pérez Zeledón y Jicaral. Así, no se hubiese tenido que modificar el calendario, pensando en el corto tiempo que habrá después del cierre para la Selección Nacional.

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