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Mirada Incisiva

La historia que se escribió con tinta azul

El día de la celebración del 102 aniversario del natalicio del maestro José Rafael “Fello” Meza, el espíritu del extraordinario jugador brumoso contagió a la más gloriosa generación de su amado Club Sport Cartaginés.

El mito del muñeco y las maldiciones se rompieron en mil pedazos como la ilusión alajuelense de llegar a su copa número 31. En Cartago no creen en fantasmas -parece que en la Liga comienza a crecer uno del tamaño de su catedral- y por ello jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y afición sintieron que esta vez la historia se escribiría en azul.

Ese azul que tiñe los corazones brumosos, pero que también fluye en la mayoría de los aficionados al fútbol de este país, el miércoles envolvió la Patria como un sentimiento irrefrenable, que todavía se respira y se ve en cada rincón del país donde un aficionado cartaginés enarbola su bandera gritándole al mundo su alegría y pasión.

Atrás quedaron 81 años y medio de sufrimientos, frustraciones, tristezas y fracasos; hoy la Vieja Metrópoli palpita como un solo corazón, henchido de alegría, satisfacción y orgullo.

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Hoy estos guerreros blanquiazules, con un espíritu indomable, se encargaron de prender la ilusión en toda una provincia y demostrar, una vez más, su fidelidad casi religiosa al más longevo de los clubes de nuestro balompié.

Gracias a ellos, este triunfo envuelve también a los grandes estandartes de esta gloriosa institución. Porque, ¿pregúntense si Leonel Hernández, Wally Vaughns, “Pelirrojo” Córdoba, el expresidente Abel Pacheco, Guido Cubero, “Gallego” Armijo, Asdrúbal Meneses, los hermanos Quesada, Alfonso “Magús” Brenes, Víctor Monge, Miguel Calvo, Bernald Mullins, Marco Tulio Hidalgo, los hermanos Quirós, Randall “Chiqui” Brenes, entre muchos otros, no sienten este título como propio?

El derroche de sangre azul que imprimieron los Marcel, Barrantes, Briceño, Quirós, Venegas, Vargas, Barahona, Murillo, Guevara, Chacón, Campos; en fin, cada uno de los integrantes de este histórico Cartaginés merece tener un monumento en la Plaza Mayor de Cartago.

De igual forma es de reconocimiento público el gran trabajo desde el banquillo de Geiner Segura, quien tuvo la humildad y sapiencia de capearse el temporal que se le vino encima luego de la derrota en Jicaral en el último partido de la fase de clasificación. Por horas estuvo fuera del cuadro, pero la dirigencia reconsideró, le puso dos asistentes que al final también contribuyeron en buena medida al triunfo soñado.

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No menos importante ha sido la labor de don Leonardo Vargas, a quien desde esta trinchera hemos criticado por salidas fuera de tono impropias de un presidente, pero al que hoy debemos reconocer que su mandato condujo a buen puerto la nave azul y blanco. Llegó en un momento complicado en el cual tuvo que salvar del remate el estadio Fello Meza, puso en orden las finanzas del club y gestionó, junto con su hijo, la parte deportiva con contrataciones de peso que inyectaron al equipo hasta conseguir el objetivo anhelado.

Si bien el título es del Cartaginés, creo, sin temor a equivocarme, que todo Costa Rica, incluidos muchos manudos celebran este campeonato como un triunfo de la perseverancia, la resiliencia y el coraje de un grupo de personas que siempre creyó que esto era posible.

¡Felicidades campeones!

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