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Mirada Incisiva

Horizonte Morado pecó de populista en su elección de técnico

La obtención del título 36 metió en un zapato a la dirigencia de Horizonte Morado que prefirió complacer a la masa en lugar de tomar una decisión impopular, pero necesaria.

Optaron por la salida fácil: dejar a Mauricio Wright en el banquillo morado, a pesar de que cuando lo contrataron como apagafuegos, -incluso diría que más que como eso, para sostener la burra y terminar decorosamente uno de los peores torneos jugados por el club capitalino-, se aseguró de manera tajante que su contrato era hasta finalizar el campeonato.

Es más, Juan Carlos Rojas anunció a los cuatro vientos que ya tenían a un técnico extranjero, de alto perfil, acostumbrado a dirigir clásicos, para asumir las riendas del cuadro tibaseño a partir de este certamen.

Pero, cuando Saprissa eliminó a la otrora invencible Liga Deportiva Alajuelense, en semifinales, y al Club Sport Herediano en la final, Horizonte Morado ya no supo qué hacer. Rojas se quitó la brasa caliente de encima y se la endosó al español Ángel Catalina, quien de pronto se vio en la encrucijada de decidir si dejaba al entrenador que logró la corona 36 o ajustarse a los planes de un estratega extranjero.

Comenzó entonces la presión de la afición y de cierta parte de la prensa deportiva, poco analítica y acomodada, que hizo campaña para que Wright permaneciera en su puesto, amparados no solo en el título, sino en el “pobrecito”, “se ganó el derecho a quedarse” y otra serie de justificaciones baratas que tanto en el fútbol como en la vida nos tienen hundidos en la mediocridad.

Hoy, 12 fechas después, el Saprissa comienza a tambalearse. En la tabla de posiciones es cuarto, luego de estar en el liderato por varias fechas, aunque sin un juego contundente ni convincente. La gran credencial del timonel morado, en este certamen, es haber ganado la Supercopa, con un contundente 4-1 sobre Alajuelense, y remontar un 0-2 para triunfar 4-2 frente a los manudos en Tibás.

Desempeño pobre

Pero si uno se pone a analizar con detalle, el juego saprissista ha sido pobre. En los 12 encuentros jugados hasta el momento, en todos, ha fallado en los primeros tiempos. En algunos pudo recuperarse, -como en el clásico-; en otros no le alcanzó -derrota ante Herediano y Cartaginés, por citar dos ejemplos-.

Para colmo de males, en la última semana, Wright comenzó a perder el crédito que había acumulado con el título. De doce puntos en disputa solo sumó dos, como local ante Guanacasteca y de visita ante Santos. Perdió catastróficamente (4-0) ante Sporting, cayó 1-0 en San Carlos, equipo que tenía 10 juegos sin conocer la victoria y apenas pudo empatar con el benjamín del torneo.

Agreguemos a eso que fuentes cercanas al club cuentan que el entrenador ha ido perdiendo la confianza del grupo. Primero porque, al parecer, sus entrenamientos no son de suficiente calidad; y, segundo, porque, dicen algunos, que se le han subido los humos.

Pueden ser conjetura, pero lo que es una realidad incuestionable es que al estratega morado le ha costado un mundo encontrarle la vuelta a un grupo más reforzado, con una suplencia más profunda y con los refuerzos que él pidió.

El equipo sigue padeciendo en defensa; ni Waston, ni David, ni Espinoza terminan de otorgar garantías a la zaga. La portería sigue siendo un punto débil pues, aunque Aarón Cruz protagoniza buenas intervenciones, falla en momentos clave. Su sustituto, Kevin Chamorro, tuvo un bautizo para el olvido al comerse la goleada de 4-0 ante Sporting.

El mediocampo sigue siendo el sostén del equipo, gracias al aporte de los veteranos Mariano Torres, Michael Barrantes y Christian Bolaños y el buen momento de Jimmy Marín. Pero, de igual forma, ni David Guzmán ni Jaylon Hadden resultan ser confiables en el puesto de contención.

La delantera no marca diferencia. Ni Orlando Sinclair, ni David Ramírez, ni Ariel Rodríguez han sido la solución frente al arco contrario.

Entonces, uno se pregunta, si el pobre rendimiento exhibido por estos jugadores se debe a su falta de calidad o a que el técnico no ha sabido potenciar sus condiciones para beneficio del equipo.

Por eso mantengo mi posición: la dirigencia del Saprissa cometió un error con dejar a Mauricio Wright. Debió agradecer su aporte en la conquista del cetro, y tal y como estaba planificado (bueno, o al menos eso dijo el presidente, Juan Carlos Rojas), debió contratar un entrenador extranjero que viniera a revolucionar y a sacar de la modorra al equipo.

Es más, si hasta el momento Horizonte Morado no ha movido un dedo, a pesar de un rendimiento irregular, es porque entiende que, en nuestro campeonato, hasta con un desempeño mediocre se puede alcanzar el título y, quién quita, le vuelva a sonar la flauta a Wright en los últimos cuatro partidos.

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