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Mirada Incisiva

El incierto futuro del Saprissa

Cuando un buen amigo me comentó cómo se maneja la estructura de las divisiones menores del Deportivo Saprissa quedé perplejo. No podía creer que el club más laureado de este país y del área, el que más futbolistas ha exportado en las últimas dos décadas, y el que ha producido más de un centenar de nuevos valores para nutrir a los demás equipos, haya descuidado su semillero de la forma en que lo ha hecho.

La fuga de talentos en el Saprissa es una realidad que no ha sido corregida por la actual administración, encabezada por Juan Carlos Rojas. El Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Liga Deportiva Alajuelense ha sido un factor, mas no el único, para que varios jóvenes morados decidieran pasarse de acera.

Hasta hace poco las divisiones inferiores de la “S” entrenaban en San Rafael de Alajuela, en una propiedad que el Saprissa alquiló con la intención de levantar ahí su centro de entrenamiento para sus diferentes equipos. No obstante, las canchas eran un desastre, muchas ni siquiera cumplían con las medidas reglamentarias; otras estaban en malas condiciones y provocaban lesiones.

En determinado momento, a los jóvenes saprissistas se les exigió cursar sus estudios de secundaria en el Colegio Saprissa, ubicado en esa misma propiedad. Las condiciones del inmueble eran inhumanas; el calor insoportable, sin ventilación, espacios pequeños, en fin, un desastre.

Muchos adolescentes decidieron abandonar el Saprissa: “No voy a dejar mi colegio (en algunos casos privado) para ir una institución en esas condiciones”, pensarían, no sin razón.

Las divisiones menores del Saprissa atraviesan, quizás, por el peor momento de su historia, lo cual atenta contra la proliferación de talentos para abastecer a su primera división

Varios entrenamientos eran programados en horas de la madrugada, por lo que muchachos que viven en Tibás, Moravia, Santo Domingo de Heredia, San José, u otros sectores alejados de San Rafael de Alajuela tenían que ver cómo se las arreglaban para acudir a los entrenamientos.

Varios padres de familia, preocupados por esta situación, les plantearon a los encargados de liga menor, la posibilidad de gestionar que un bus los trasladara ida y vuelta a las prácticas. La respuesta fue un rotundo no.

Entonces, la dirigencia de Liga Deportiva Alajuelense actuó. Sabedores del potencial de muchas de las figuras moradas, aprovecharon la oportunidad y no solo pusieron un autobús al servicio de los jóvenes, sino que el CAR fue el dulce con el que tentaron a los saprissistas para cambiar de equipo.

Política equivocada

Como si esta fuga de valores no fuera suficiente, me contaba esta persona que al presidente Juan Carlos Rojas alguien le vendió la idea (y, desdichadamente, Rojas la compró) de que si el Saprissa quería vender jóvenes al exterior no debía presionarlos con exigencia de títulos en las inferiores. Entonces, resulta que de los chicos que recientemente el club ascendió a su primera división, si acaso alguno ganó un solo título en divisiones menores. Es más, estos equipos morados son eliminados en las primeras de cambio de varios de los torneos que disputan.

Esto va en contra de aquel ADN saprissista mediante el cual cada jugador que se ponía esa camiseta aprendía a ganar sí o sí cualquier evento en el que compitiera, fuera un colectivo en una práctica, un partido amistoso o uno oficial. No había distinciones. Saprissa debía ganar siempre.

No sé si el jerarca morado lo sabe, (no creo) pero en tiempos no muy lejanos las divisiones menores del conjunto capitalino ganaban la mayoría de torneos en los que participaban. Sus futbolistas eran base de todas las selecciones del país y de ese semillero se nutrían los clubes de Primera y Segunda. Hoy la realidad es distinta.

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Claro, pero como para don Juan Carlos que un equipo gane siempre es “muy aburrido”, entonces no hay por qué preocuparse…

Los más viejos recordamos haber visto al patriarca morado, don Ricardo Saprissa, sentado observando con orgullo los juegos de aquellos carajillos que luego serían figuras del equipo mayor. Es más, don Richard era más asiduo seguidor de los equipos menores que de la misma primera división. ¿Sabe usted cuántas veces ha ido Juan Carlos Rojas a un juego de sus divisiones inferiores? No creo que ocupe todos los dedos de una mano para contarlas.

Y hoy se evidencian los resultados de esa gestión. Un cuadro pobre, sin profundidad en la banca, con carajillos que son enviados a la guerra sin armas, sin nadie que los acuerpe y se quedan sin respuestas en la cancha. Hoy Saprissa es un equipo sin alma, sin apego a los más preciados valores de esta institución y, por ello, se debate en un mar de congojas para clasificar. Cuánto daño se le ha hecho al legado que construyó don Ricardo…

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