SIGUENOS

Mirada Incisiva

El fracaso del Herediano

Ha pasado poco menos de una semana desde que el Herediano fracasó en su intento por conquistar su estrella 30 y alcanzar en títulos a Liga Deportiva Alajuelense.

Después de una primera fase de ensueño, en la que permaneció invicto en los 16 partidos correspondientes, llegó a semifinales ante el Puntarenas FC. Aquí el rendimiento florense comenzó a dar señales de un inesperado bajón. Al final la clasificación a la final de segunda fase encubrió las falencias mostradas por el equipo rojiamarillo.

Hernán Medford se encaró con toda la prensa deportiva porque defendía que el empate de visita en el Lito Pérez era un gran resultado y que al Herediano lo cuestionaban y al Saprissa lo alababan por sacar la misma cosecha en Alajuela.

Tanto Medford como su equipo comenzaron a partir de ese momento a desestabilizarse emocionalmente. Y esto no es nuevo en el club de la ciudad de las flores. No sé si se debe a algo mental o qué, pero tiene un complejo de persecución y victimización impresionantes. Los heredianos, en especial, su dirigencia, ven fantasmas en todo lado.

La evidencia mostrada ante Puntarenas se acrecentó ante los morados. Y, peor aún, porque Herediano tuvo todo en sus manos para anexarse esa ansiada corona 30. Logró lo que muy pocos equipos alcanzan en una final en el Ricardo Saprissa, salir ilesos. No solo eso, el empate en la ida fue 1-1, por lo que ese gol les daba la ventaja hasta de empatar a cero en la vuelta y alzar la copa.

Otra vez Medford pecó de emocional, algo que viene siendo costumbre, y al terminar el choque en San Juan de Tibás, salió gritando “¿qué celebran?”, tras el empate in extremis logrado por Ariel Rodríguez. Resulta curioso que el hombre que durante su estancia en las tiendas moradas como técnico instituyó la “Saprihora” preguntara semejante cosa.

Pero lo más grave vino en la vuelta en el Colleya. Con todo a su favor, Herediano cayó 0-1. El penal fallado por Anthony Contreras terminó de abrirle las puertas a todos los fantasmas que, de nuevo, aparecieron en las mentes y corazones de los florenses.

A partir de ahí la final, la decisiva, cambió la etiqueta de favorito. Los rojiamarillos le cedieron esa condición a la “S”. El 2-0 en la ida se quedó cortísimo ante lo visto en la gramilla. Herediano parecía un cojín en medio de un huracán, un cuadro sin ideas, sin arrestos, sin nada, a expensas del rival que no salió con un marcador de escándalo gracias a Esteban Alvarado.

En la vuelta, a pesar de que el conjunto herediano mostró otra cara, y consiguió un gol tempranero que parecía meterlo de nuevo en la disputada por el cetro, esto fue una ilusión pasajera porque la mano estratégica de Jeaustin Campos movió sus fichas y, a pesar de contar con un hombre menos desde poco más de la media hora de partido, no sufrió casi nada en su portería.

Las posteriores declaraciones de Jafet Soto solo confirman esa forma tan extraña de pensamiento que permea en Herediano. “Nos duele perder el título, pero hay cosas más importantes…”.

La pérdida del campeonato es una pesada losa con etiqueta de fracaso. Pero además, a esto hay que sumarle que el 2022 fue un año negro para los rojiamarillos. Eliminados en semifinales ante Cartaginés -este con un hombre menos- jugando en casa. Fuera de Liga Concacaf al caer ante el Real España de Honduras. Esta derrota también los dejó sin Concachampions, de forma increíble, porque de ocho equipos en disputa pasaban seis, y los florenses quedaron de últimos.

El gran consuelo del club, y me imagino que a eso se refieren las palabras de Jafet, es la participación de seis futbolistas en el Mundial, lo cual le reportará poco más de $1 millón.

Karma

No sé si en el fútbol como en la vida existe el karma. Pero creo que a los florenses el destino les cobró una serie de situaciones extrañas que van desde la multipropiedad -velada o no- de equipos, la intervención casi descarada en la Federación Costarricense de Fútbol, el contubernio con el seleccionador Luis Fernando Suárez, quien, curiosamente, se le vio en los dos partidos finales en el Colleya Fonseca, mezclado entre la afición herediana, pero no en el Ricardo Saprissa; el apagonazo de luces en media final, la crítica a una televisora por repetir una jugada 10 veces y otra solo una…

En fin, como decía Maradona, la pelota no se mancha o por lo menos no debería.

More in Mirada Incisiva