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Controversia

¿Críticas a Catar, o críticas a la Copa Mundial de la FIFA?

El inicio de la Copa Mundial de la FIFA Catar 2022 ha dado pie, con más intensidad, a toda suerte de protestas “en defensa” de los derechos humanos, violentados sistemáticamente por el régimen monárquico que gobierna ese país. Un tema que ha estado en boga desde ya desde hace varios meses con un menor perfil.

Yo aborrezco toda forma de violaciones a los derechos humanos, sin importar cómo se argumenten, se justifiquen o se defiendan por parte de quienes las promueven o quienes las sufren. Sí, porque muchas veces quienes sufren esas violaciones también terminan por aceptarlas como parte de la vida.

Pero, dicho eso, también debo señalar que me llaman mucho la atención las voces que han surgido cuestionando la decisión de la FIFA de realizar una Copa Mundial en Catar. Y por ello dejo espacio a la suspicacia que me ha llevado incluso a pensar que puede haber motivaciones ocultas por parte de muchos de los que hoy alzan la voz. Y creo que al final lo que hay es una oposición a la FIFA y al Mundial como tal, y no al gobierno de Catar.

Estoy muy claro en que la asignación de la sede de este Mundial estuvo marcada por la corrupción. Y eso es inaceptable. Pero, las críticas actuales no vienen por allí.

Más bien, hay quienes han cuestionado la designación porque en Catar las mujeres no gozan de plena libertad. Otros apuntan a que la homosexualidad está penaliza, y otros cuestionan que durante la construcción de los estadios donde se desarrollan ahora los partidos murieron miles de operarios de construcción inmigrantes debido a las malas condiciones y los abusos bajo los cuáles debieron trabajar.

Las tres cosas son realidades que no se pueden ocultar. Y son absolutamente censurables. Pero, yo a lo que voy es que no son situaciones nuevas. Han ocurrido por décadas en ese país y en otros países, sin que muchos de los que hoy levantan sus voces lo hayan hecho en el pasado.

Catar está gobernado por una monarquía absoluta, en la que un Emir es el que tiene la última palabra en todo. No es una democracia. Y para más, los asuntos del Estado se entremezclan perfectamente a conveniencia de partes, con las de la religión. Pero, en el pasado no escuchaba esas voces que hoy resuenan por todas partes.

Catar es sede de la Organización Mundial del Comercio, adscrita a la Organización de Naciones Unidas (ONU). Allí se dirimen todos los temas comerciales entre los países que han suscrito la Convención que le dio origen, incluyendo a Costa Rica, por cierto.

Y no he escuchado voces críticas por ello. Durante años delegaciones y dignatarios de decenas de países han ido a Doha por ese motivo, y nadie ha lanzado una sola crítica a Catar.

Cuando eso pasa, a mí me quedan serias dudas. Porque la discriminación a las mujeres, la penalización de la homosexualidad, o en otros casos la muerte de decenas de obreros en la construcción de los grandes rascacielos que adornan la ciudad y en los cuáles se realizan esas cumbres, son tan cuestionables si se dan a propósito de la Copa Mundial como si se dan por cualquier otro motivo.

Y, de hecho, en mí percepción, indudablemente se pierde más cuando se pretende defender una causa en un esquema marcado por la doble moral que cuando se guarda silencio.

Ojalá que todos los activistas por los derechos humanos que han aparecido a propósito del Mundial no terminen por estropear la excelente labor de aquellas organizaciones que sí están preocupadas por estos temas y vienen trabajando sin parar para combatir las desigualdades.

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