
La euforia por el campeonato de Liga Deportiva Alajuelense parecía marcar el inicio de una etapa dominante a finales del año anterior. Después de años de frustración, el título devolvió la fe y reforzó la idea de que el proyecto rojinegro había encontrado rumbo. Pero el fútbol no vive de recuerdos recientes, ni siquiera del enorme cariño que la afición le guarda a su entrenador, Oscar Ramírez.
Hoy el contraste es evidente. En el Torneo de Copa, la Liga quedó en el camino sin dejar una huella clara. Liberia fue un digno verdugo. Durante meses se repitió que era un torneo secundario, prescindible, casi una distracción. El problema es que cuando se desprecia una competencia y tampoco se gana, la narrativa se vuelve en contra.
Según Ramírez “uno en esto ya es viejo y sabe qué tiene más peso”, en alusión a la participación manuda en el torneo más importante de la Concacaf, la Champions Cup. Lo cierto es que ahí, la Liga no tuvo ningún peso.
Para el técnico manudo ahí estaba el verdadero parámetro, pero la historia tampoco fue distinta. Ciertamente Alajuelense domina a plenitud el torneo centroamericano. Ya es tres veces campeón de forma competitiva. El siguiente paso era al máximo nivel, para medir fuerzas ante gigantes de la región. Pero la eliminación volvió a desnudar las limitaciones del equipo costarricense. Ante Los Ángeles FC, los manudos tuvieron la misma suerte que en el Torneo de Copa.
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Algunos piensan y defienden que empatar en Estados Unidos 1-1 y perder en casa por la mínima es una digna presentación. Y puede ser que sí. No hubo derrota por goleada, pero jamás se compitió. El cuadro manudo no fue un dechado de virtudes en ataque, y si no fuera por su portero, Washington Ortega, la derrota hubiera sido entonces muy abultada. Sobre todo cuando el club rojinegro estuvo de visita.
Un título ¿para qué?
Mientras tanto, en el torneo local, la clasificación no se asegura con discursos. La Liga ha estado lejos de su mejor rendimiento y un equipo grande no puede depender de chispazos.
La pregunta incómoda es inevitable: ¿fue el título el inicio de una era o un alivio momentáneo? Porque un proyecto serio no se mide por una celebración aislada, sino por la capacidad de sostener estándares altos en todos los frentes. Y hoy esos estándares lucen difusos. Máxime que alguien “viejo” (de experiencia) como “Machillo” reconoce muy bien qué tiene más peso.
Otro caso para analizar es el Centro de Alto Rendimiento (CAR). Se presentó como la base del futuro, la fábrica de talento que garantizaría identidad y competitividad. Sin embargo, cuesta señalar una generación consolidada que esté marcando diferencia real y constante en el primer equipo. Y ni el propio Ramírez ha sabido hacer la transición de esas promesas para ponerlas a jugar en la máxima categoría.
La infraestructura impresiona. Alexandre Guimaraes puede dar buena cuenta de ello, ya que conoció esa realidad y sabe lo que hay fuera de nuestras latitudes. La inversión es visible, pero el fútbol exige resultados tangibles. Si el CAR es el corazón del modelo, sus latidos deberían sentirse cada fin de semana en la cancha.
Alajuelense todavía tiene margen para reaccionar. Pero la grandeza no se proclama por ser “viejos”. Entre eliminaciones, excusas y promesas de proceso, la Liga está obligada a algo más que palabras. Está obligada a responder con fútbol, carácter y coherencia competitiva. Está en deuda, y con poco peso.

Gerardo Mora Pana es un periodista con más de 20 años de experiencia en medios de comunicación de Costa Rica. Se desempeñó en el desaparecido diario La Prensa Libre y en la edición local de la revista El Gráfico. Actualmente, es el director de Radio Santa Clara, de la red de medios de comunicación de la Iglesia Católica.














