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Mirada Incisiva

Al Saprissa lo manejan como una pulpería

La destitución de Mauricio Wright como técnico del Saprissa es la más reciente de la cadena de errores que sigue cometiendo la dirigencia de Horizonte Morado, encabezada por Juan Carlos Rojas.

Error no por el despido sino por haberlo dejado luego de ganar la corona N°36 para las arcas de la institución.

Juan Carlos Rojas tuvo miedo de tomar una decisión que, para algunos aficionados y un sector de la prensa deportiva de poco análisis se consideraba impopular porque, “pobrecito” Mauricio, cómo lo van a echar luego de ganar el campeonato. Además, estaba la posibilidad de ahorrarse unos dólares que conlleva siempre traer un entrenador de categoría.

Lo peor de esto es que el propio Rojas había anunciado a los cuatro vientos que ya tenía cerrada la negociación con un técnico internacional, de alto cartel, con experiencia dirigiendo clásicos y que llegaría una vez finalizara la temporada.

Pero, con el cetro, todo cambió. El discurso de Rojas, más falso que un billete de $3, cambió radicalmente y de hablar sobre un entrenador extranjero pasó a decir que Wright merecía otra oportunidad.

En este punto no podemos librar de responsabilidad al gerente deportivo, Ángel Catalina, quien recomendó la permanencia de Wright, vaya usted a saber si porque Rojas le dijo que era mejor ahorrarse un dinero, dejar a quien conquistó la corona y olvidarse del plan original.

También es responsabilidad de Catalina el fracaso con los refuerzos que trajo a la institución para este torneo. Cuando usted repatria a Jaylon Hadden y Yostin Salinas de un equipo que acaba de pelear la liguilla del descenso y los premia con regresar al campeón sin haber acumulado mayores méritos en Sporting, está enviando un mensaje de que cualquiera puede ponerse la camiseta del club más ganador del país.

Además, contrató a Carlos Villegas, proveniente del equipo que descendió a la segunda división; gestionó el retorno de Julen Cordero de Europa, gestionó el retorno de David Ramírez, a quien seis meses antes se había descartado y no rindió en Cartaginés y compró a Kevin Chamorro, un arquero que tampoco había demostrado nada con San Carlos y menos con la selección preolímpica para ponerse la morada. Igualmente, sumó a Kevin Espinoza y Jossimar Pemberton, ambos provenientes de Guadalupe sin haber hecho méritos para vestirse de morado.

Refuerzos flojos y sin peso y eso se ve reflejado en un equipo en donde la carga del juego la sostienen los más veteranos como Mariano Torres, Christian Bolaños y Michael Barrantes, en la mayoría de las ocasiones sin contar con el apoyo de una generación de jóvenes que fueron ascendidos a la primera división sin tener la calidad y menos el compromiso para defender con gallardía la camiseta de la “S”.

Lo bueno que hizo Mauricio Wright en siete partidos en el cierre del certamen anterior lo borró con una serie de decisiones desafortunadas. Luego de cuatro empates seguidos y la eliminación en la Liga CONCACAF, la paciencia de la feligresía morada y del propio Ángel Catalina, se agotó.

Pero más que la eliminación ante el Comunicaciones está el cómo sucedió. Hay formas de perder y para un club de tanto abolengo como el morado, llegar a Guatemala a no perder, con un sistema ultradefensivo y, para colmo de males, con una alineación manoseada, no puede permitirse.

Aparentemente, la relación entre Catalina y Wright se resquebrajó desde el choque en Jicaral donde los morados no pasaron de un triste empate a cero, en un juego donde llegaban con la obligación de la victoria para seguir peleando el primer lugar de la clasificación.

Ahora dicen que fue Wright quien decidió marcharse porque le querían imponer las alineaciones; si esto es así, qué difícil la tendrá quien llegue a Tibás en cuanto los resultados no lo acompañen. Que se vaya preparando…

Hoy Saprissa apuesta por un técnico extranjero, el español Ikaki Alonso. Habrá que analizar su hoja de vida para comenzar a sacar conclusiones.

Horizonte Morado tiene 10 años de estar aprendiendo a dirigir un club de fútbol, pero no cualquier club, sino el más grande de Centroamérica -sus títulos lo dicen-, y después de una década, en la que el presidente se jacta de ganar siete cetros de 21 en disputa, parece que todavía no aprendió (ni aprenderá) a que en Saprissa lo único que cuenta es ser campeón. Claro, para un presidente que maneja al club a control remoto qué se puede esperar…

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